Aborto II: Hagamos la palabra circular.

Estar a favor de la despenalización del aborto como práctica, no significa estar a favor del aborto como práctica. Quiero decir que en el aborto como práctica no debiera ni existir en nuestro vocabulario, y el mundo sería un lugar mejor donde vivir. Lamentablemente, la situación nos ha llevado como sociedad a darle la espalda a un fenómeno que existe en grandes. No debería existir el aborto pero tampoco deberían existir el medio millón de mujeres -o más- que en mi país deciden interrumpir su embarazo ilegalmente. El aborto no debería existir como tampoco las cientas mujeres que anualmente mueren a causa de intervenciones mal hechas.

Las interrupciones de embarazos existen, y la cifra es alarmante. Por una causa o por otra, esas miles de mujeres no tienen acceso a métodos anticonceptivos ni tienen control de sus relaciones sexuales. Quienes proclaman que si te cometiste un error tenés que pagar por él, los invito a que conozcan la realidad de tantas mujeres que no tienen decisión sobre las relaciones sexuales que mantienen con sus parejas. Mujeres que viven en la misma realidad machista que tanto de nosotros y no tienen lugar para decir no quiero, o para sugerir una protección para no quedar embarazada. "Muchas mujeres tienen información y acceso a los métodos anticonceptivos pero carecen de control sobre su uso. Además, también es posible que no los utilicen porque no tienen relaciones sexuales pero se vean de improvisto forzadas a tenerlas sin los medios ni el tiempo para protegerse. Lejos de ser un episodio poco común, el sexo contra la voluntad de la mujer es un suceso bastante corriente" (Faundes y Barzelatto, 2011) El sexo con cuidado, amor y respeto difícilmente termine en un aborto, pero aún hoy vivimos en una sociedad y cultura lo suficientemente machista como para seguir pensando que la mujer debe satisfacer al hombre más allá de su propio deseo. Mandatos familiares donde la mujer debe servir al hombre en más de una forma, revistas masivas que dicen estar pensadas para la mujer moderna nos invitan a consumir un modelo de mujer hermosa y sexualmente plausible de satisfacer al hombre. La mujer que calla esta situación es la que luego debe sola tomar una decisión que posiblemente cargue por toda su vida, viviendo estigmatizada por la carga social y religiosa que el aborto implica.

Dejemos circular la palabra, porque sólo cuando logremos escuchar y dejemos que las mujeres que lo han hecho hablen vamos a estar más cerca de entender por qué no basta sólo con desear que el aborto no exista como práctica. Dejemos que las mujeres hablen. La ilegalidad de la práctica genera silencios culposos, y la culpa es una carga demasiado pesada para quien la lleva.

Hablemos, discutamos, leamos, nos informemos. Seamos los mejores conocedores de nosotros mismos, revisemos nuestras prácticas y sistema de creencias. Hablemos y signifiquemos algo más que una sanción para el medio millón que anualmente decide interrumpir lo que sin duda no desean o no les permiten desear. Hablemos y digamos algo, porque el silencio está matando.

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