Entró por la puerta de su dormitorio y se encontró llorando. Estaba sentada sobre la cama, con la mirada perdida y las manos entre las piernas; lloraba con angustia y sin perspectivas de tranquilizarse. Caminó unos pasos en dirección a la cama, con el fin de lograr una mejor aproximación a lo que estaba experimentando, pero no lograba encontrar alguna explicación lógica a lo que estaba viendo. Seguía llorando, y las lágrimas eran acompañadas por sollozos y pequeños suspiros que sólo daban la pista de que había algo en lo que estaba pensando y no podía ser verbalizado. Se secaba la cara con las manos, y las manos con el cubrecama; se tiraba el cabello para atrás y por momentos amagaba mirar hacia la puerta. La frustración que le producía la escena era difícilmente manejable para ella, quien siempre se había visto a si misma tan entera y resolutiva. Temía que si podía ser vista por si misma, también pudieran verla otros.
Se preguntó cuándo había sido la última vez que había llorado sin motivo, y la antiguedad del hecho ganó a su capacidad de memoria. ¿Seis meses, quizás nueve u once meses? ¿¡Más de un año, acaso?! Por algún motivo el tiempo le parecía más corto, tenía la sensación de que lloraba a diario pero sus recuerdos no llegaban a determinar el momento exacto. Se llevó las manos a los ojos y estaban mojados, igual a los ojos de quien estaba sentada sobre la cama empapada en lágrimas.
La falta de lógica en la situación la llevó a sentarse al lado de si misma en la cama, e intentó entablar contacto visual consigo misma. Seguía llorando, y aunque ahora más resignadamente, las lágrimas caían a desgano sobre la cama, sobre su rostro y sus manos. Estaba caída, pero después de un sostenido y determinado suspiro miró a su interlocutora. La miró con la fijeza que pocas veces había interpelado a alguien y a los pocos instantes las dos estaban quebradas en llanto, abrazadas y contándose su historia.
Pasaron breves minutos antes que la situación se interrumpiera por la presencia de quien entró al dormitorio sobresaltada por el llanto que se escuchaba desde la sala, y contuvo a su amiga, a quien no había visto llorar en varios meses.

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